Sección 4 ~ Asuntos de Amor

SECCIÓN 4
IROKOI [ASUNTOS DE AMOR]

1. Hatsukoi, Hajimete no Kanojo

[Mi Primer Amor, Mi Primera Novia]
De vez en cuando, me pregunto si no debería escribir historias de amor. Desde luego, habría sexo. Muchas veces.

La primera vez que me enamoré estaba en el jardín de infancia. Tenía unos 6 años…

Era mi maestra del jardín de infancia. Era sólo mitad japonesa y realmente bonita, y tenía un gran estilo. Cuando estaba cerca de mí, por algún motivo, me sentía muy feliz.

Probablemente era sólo amor platónico. Sin embargo, para mí, era una emoción muy importante.

Desde luego, cuando tenía 6 años, no sabía realmente lo que significaba la palabra “amor”. Pero, ¿no era una palabra muy importante?

Cuando terminaban las clases en el jardín de infancia y todos los demás niños se habían ido a casa, yo me quedaba allí sólo. Permanecía allí sólo un rato más con aquella maestra. A su lado, observaba su figura durante un rato más.
Un día, un joven llegó para recoger a mi maestra. Cuando ella lo vio, su rostro se iluminó al instante. Era completamente distinto de la expresión que ponía cuando estaba conmigo, y aquella fue la primera vez que la vi sonreír.
Mi maestra, me dijo, con tono travieso:
-Es un secreto, ¿de acuerdo?
Se llevó un dedo a los labios y parecía un poco avergonzada. Después ella y su novio salieron de la clase, a paso rápido.
Me sentí terriblemente mortificado.
Sabía que sólo era un niño. También sabía que ella nunca podría ser mi novia. Era mortificante, supongo. Aquella fue la primera vez que quise crecer rápidamente.
La primera vez que tuve lo que podría llamar una “novia” fue cuando tenía 10 años. Ella tenía 13 o 14, así que había una diferencia de edad de 3 o 4 años. Era una chica que vivía cerca de mi casa.
Por aquel entonces, yo media alrededor de 1,60 m, y era la persona más alta de toda mi clase. Creo que parecía un adulto.
Nuestra relación no fue fácil. Aunque salíamos juntos, hacíamos cosas como pasear por el vecindario o por el cauce seco de un río. Ella tenía un perro, así que se lo traía con nosotros. Sólo eso le daba algo de interés a las citas. Era porque yo sólo tenía 10 años.
Sin embargo, mi primer beso no fue con esa chica. Fue cuando tenía 6 años y me hizo madurar un poquito.
Uno de los amigos de mis padres vino a casa de visita y trajo consigo a una niña. También tenía 6 años.
Creo que fue mientras los dos jugábamos al escondite en el sótano. Mis recuerdos son muy vagos, pero había unos cubos de basura[1] colocados tumbados junto a una roca en el jardín. Estoy bastante seguro de que eran cubos de basura.
Me oculté en ellos y ella me encontró… no, probablemente fue ella la que se escondió y yo quien la encontré a ella.
Los dos estábamos muy acelerados. Cuando entré en el cubo, ¿por qué eso me aceleró el corazón? En aquel pequeño y angosto espacio, me sentí secreta e increíblemente seducido por ella.
Mientras jugábamos, ambos decidimos tratar de salir a gatas del cubo. Estaba oscuro y olía vagamente a metal. Más allá de la boca del cubo, se veía la luz del sol[2].
Si me giraba, nuestros cuerpos encajaban perfectamente en el tubo, y ella estaba justo allí. Su respiración levantaba ecos. El aire que nos rodeaba estaba cargado de humedad.
De algún modo, el ardor que sentía en el corazón se convirtió en algo hirviente, y acerqué mi cara a la suya para darle un besito **chu**. Por supuesto, fue en los labios.
Fue una sensación agradable, y era la primera vez que sentía una emoción tan extraña. Ella me respondió del mismo modo, así que seguí besándola.
Fueron besos ligeros, pero mi corazón latía de un modo salvaje. [lit.: dokidoki]. Fue una primera vez increíble.
Por supuesto, yo quise volver a verla, pero después de aquella vez, nunca volvió. Sin embargo, no he podido olvidarla[3].
Me pregunto por qué nunca volvió para jugar conmigo.
Su padre tampoco volvió nunca. Esto me preocupaba mucho.
Cuando estaba en el segundo año del instituto, le pregunté a mi padre:
-¿Quién era ese hombre que vino a casa hace mucho con su hija?
Aparentemente molesto, mi padre contestó:
-Tuve una discusión con él, así que ya no nos vemos.
Sonaba como si no quisiera volver a ver jamás a aquel hombre. Se me ocurrió preguntarle al respecto.

-No. No puedes volver a verla –dijo.
También  he besado a chicos. Por supuesto, no iba en serio.
Un beso es una marca de confianza.
La primera vez que un chico me besó fue cuando tenía 19 años. Estábamos de copas e íbamos a marcharnos ya a casa.
-Ja… chu –dijo, tranquilamente, y me dio un beso espontáneo. Me sentí muy feliz.
A partir de entonces, cada vez que quiero dar una prueba de mi confianza a alguien, los beso. También beso a los miembros de mi grupo en los conciertos.
Un beso es lo mismo que estrechar la mano o dar un abrazo.
Es mi forma de expresar mis sentimientos de “confío en ti.”
¿Cuando las mujeres lloran? También las beso, entonces[4].
Cuando iba demasiado deprisa en mi coche y tuvo un accidente, mientras estaba de pie frente a mi coche destrozado, fumando un cigarrillo, recibí una llamada de mi novia. Al otro lado de la línea, ella rompió a llorar y a gritarme:
-¿Qué estás haciendo?
Os contaré esa historia la próxima vez[5].
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Extraído en inglés de Cool Like Plastic – Traducido del japonés al inglés por Gerald Tarrant de Shiroi Heya –Traducido del inglés al español por MIRROR – GACKT SHRINE
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  [1]No estoy muy segura de esto. Dice “drum bin”. “Drum” es “contenedor, cilindro, barril…” y “bin” es basura, desperdicio… ¿Alguna ayuda? (Saya)
  [2]Ooook, no puede ser un cubo de basura =^_^=. O eso, o Gackt era increíblemente enano cuando tenía 6 años XDDDD (Saya)
  [3]¿Os imagináis lo que sentirá esa niña ahora? Wow… (Saya.)
  [4]**Saya llorando a mares lágrimas de cocodrilo** ¡¡¡BUAAAAH, QUÉ PENA TENGOOOO!!! VEN A CONSOLARME, GACCHAN =^_^=
  [5]Como habéis podido comprobar, YA la ha contado antes. No sé quién se encargó de maquetar esta biografía, pero la cag* bien XDDDDD (Saya.)
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2. Onyx no Shinpi

[El Misterio del Ónice]
Hoy, hablaré de moda.

En realidad no sigo las modas. Sé qué clase de ropa quiero llevar y qué clase no quiero llevar.

Esta es la razón de por qué comencé a seguir las modas occidentales.

Cuando tenía 5 o 6 años, los pijamas que mi madre me hacía llevar eran, de arriba a abajo, como faldas. Eran, por decirlo así, camisones.

Mi hermano pequeño también los llevaba. Los dos teníamos un conjunto a juego, con estampados rojos y rosas.

A mí me parecían muy raros y, tanto mi hermano como yo, a aquella edad, parecíamos niñas[1].

El rostro de mi hermano estaba más definido que el mío y sus ojos eran grandes y redondos; era un niño realmente guapo. Pero, de cualquier modo, yo me preguntaba por qué mi madre querría que uno niños llevaran esas cosas que parecían faldas.

-Porque estáis adorables –decía mi madre, sonriendo feliz. A esa edad, no le importaba si éramos niños o niñas[2].

De todos modos, eso no era bueno. Por ejemplo, cuando iba a una tienda, el dueño decía: “tienes las cejas muy espesas, pareces un chico, deberías depilártelas.” O “Con esa pinta de punk, deberías dejarte una cresta”. Era algo que odiaba.

A causa de eso, cada vez que mi madre iba a comprar ropa, me aseguraba de ir con ella y elegir por mi cuenta. Le decía exactamente lo que me gustaba y lo que no me gustaba, y no permitía que mi madre eligiera por mí.

En secundaria y en el instituto, llevábamos uniformes, característicos de cualquier colegio privado.

La chaqueta del uniforme podía ser larga, media o corta, o incluso muy corta. Las muy cortas sólo tenían dos botones. Los chicos problemáticos de mi clase mezclaban las partes cortas y largas del uniforme y cambiaban la longitud cuando les parecía.

También teníamos un buen número de pantalones. Había tantos que era casi ridículo. Bonsuri, Bontan, Banana, Dokan…

Los pantalones “Dokan” eran muy anchos, de arriba abajo. La cintura medía 120 cm, y el dobladillo unos 100 cm[3].

Si metías las manos en los bolsillos y estirabas, la cintura se extendía casi dos metros. No era que alteráramos los pantalones; se vendían así.

También teníamos uniformes que heredábamos de compañeros de cursos superiores [lit.: senpai]. Eso tenía un gran significado.

Por supuesto, ninguno era nuevo pero, a pesar de eso, como realmente apreciábamos a los compañeros que nos los habían dado, cuando recibíamos esos uniformes, nos alegrábamos tanto que no queríamos estropearlos usándolos, sino que los usábamos para decorar nuestras habitaciones.

Ropa para delincuentes. Al mismo tiempo, había otro tipo de ropa que tenía ese significado.

Ahora es diferente. Uno puede llevar lo que quiera. Francamente, ¿importa lo que uno quiera llevar? La gente diría: “Llevaré la ropa que me siente bien…”.

De momento, la idea es llevar lo que a uno le siente bien.

Por ejemplo, si llevas ropa suelta, no te darás cuenta cuando cambie la forma de tu cuerpo. Así que no hagas trampas con tu cintura.

Aunque la medida de mi cintura es de 70-71 cm, llevo pantalones que tienen una cintura de 72-73 cm. Si engordo,[4] podré ponerme esos pantalones. Si empiezo a comer demasiado, me apretarían. Desde luego, no hay excusa para eso.

Las camisas que llevo también son sensibles a los cambios de forma de mi cuerpo[5].

Los límites de este oficio son que, cuando tu cuerpo no está en forma, llevar ropa que no te siente bien te hace parecer menos profesional.

En este caso, los estilistas pueden ser culpados por no tener en cuenta a las personas más gruesas. A causa de esto, la gente se obsesiona con recuperar la forma física.

Las gafas de sol son ya parte de mi cuerpo. Mis ojos son extrañamente sensibles a la luz. Cuando el nivel de luz es muy brillante, todo se me queda blanco y no puedo ver nada.

Para proteger mis ojos, utilizo gafas de sol. Tengo unos cien pares, pero lo importante es llevar lo que cuadre con mi estado de ánimo. Si tengo que llevarlas durante mucho tiempo, elijo un par que no resulte molesto.

En cuanto a complementos se refiere, la mayor parte de los míos, han sido regales de gente. Por otro lado, todos los que yo compro son para regalar.

Fundamentalmente, no me gustan las cosas con piedras preciosas. No llevo diamantes ni nada por el estilo.

Las piedras tienen poderes y comprendo el efecto que causan en el cuerpo. Cambian tu condición física y también tu humor. Originalmente los complementos tenían ese objetivo. Ahora no cambio tanto los complementos que llevo. Si lo hago, siento que mi cuerpo se cansa.

Las únicas piedras que llevo son el ónice y la obsidiana. Sin embargo, más que ser sólo accesorios, son amuletos de protección.

Hay una razón por la que llevo el ónice.

Cuando tenía unos 10 años, una niña a la que conocía se marchó al extranjero a estudiar. En aquel momento, yo llevaba un anillo de ónice. Se lo di a ella para que la protegiera.

Antes de salir hacia el extranjero, iba en un taxi y tuvo un grave accidente. El conductor y la amiga que iba con ella en el taxi sufrieron serias heridas. Sin embargo, ella ni siquiera recibió un arañazo. Lo único que le pasó fue que el anillo de ónice desapareció. Por más que lo buscó, no pudo encontrarlo.

El propósito original del ónice era ayudar a las personas a repeler malos espíritus y problemas. El ónice la protegió.

A partir de entonces, se convirtió en una costumbre para mí regular anillos de ónice a la gente que me es importante. Así, los miembros de mi familia que los lleven estarán protegidos.
Las cuentas de ónice también son una prueba de que quienes las llevan son mis compañeros.
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Extraído en inglés de Cool Like Plastic – Traducido del japonés al inglés por Gerald Tarrant de Shiroi Heya –Traducido del inglés al español por MIRROR – GACKT SHRINE
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  [1]Me pregunto si la madre de Gackt y la de Hyde eran amigas XDDDDDDDDDDDDDD (Saya.)
  [2]No me cabe duda. La madre de Gackt y la de Hyde ERAN AMIGAS XDDDDD (Saya.)
  [3]Vamos, que eran todo dobladillo y cintura. Si queréis ver cómo eran, echad un vistazo en la carpeta “Curiosidades”, en este mismo apartado. O buscad en Internet ^_~  (Saya.)
  [4]JUAJUAJUAJUAJUAJUAAAAAAAAAAAA, muy bueno ese chiste (Saya.)
  [5]¿¿Cuando pone un par de kilos de más, sus camisas empiezan a gritar: ¡¡¡ESTÁS ENGORDANDO, ESTÁS ENGORDANDO!!!?? (Saya.)
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3. Kuruma to Jousei no Soukan Kankei

[La Correlación entre Mujeres y Coches]
Ahora, coches. Si tuviera que describir en dos palabras el coche que tengo ahora, sería “nave espacial.”

La primera vez que Hyde (L’Arc~en~Ciel)[1] montó en mi coche, lo primero que dijo fue:

-Pero, ¿esto que es?

-Un coche –dije yo.

Y él dijo:

-Gacchan, eres un marciano.

Ciertamente, no puedes encontrar otro coche como éste en ninguna parte. Si quieres creer en mi palabra, yo creo que incluso puede volar.

Aunque es una nave espacial, el interior no es metálico, sino más bien tiene un aire de “Hermes”. No es imponente, es “Hermes[2]”.

Creo que el interior va diez años por delante. Después de todo, lo cambio cada 8 meses o así.

Para mí, mi coche es una oficina ambulante… No, espacio habitable ambulante. He sido muy meticuloso a la hora de escogerlo.

Hablando de modelos de coches, estos últimos años he estado conduciendo un coche americano. Es el cuarto o el quinto de los coches que tengo. Es rojo. He tenido uno blanco y uno azul, pero mi color básico es el rojo.

Si me preguntáis por qué un coche americano, os diré que sólo los nuevos ricos que quieren presumir de dinero comprarían un Mercedes Benz, y los Ferraris te hacen parecer uno de esos famosos que se han vendido.

Originalmente, el Ferrari era mi coche favorito. Sin embargo, cuando la gente con éxito renuncia a sus principios, tienen la tendencia de comprar Ferraris. Así que empecé a aborrecerlos.

Es realmente difícil entrar en un Ferrari… y es difícil de conducir. Así que sólo dentro del grupo de personas que se han vendido y han comprado un Ferrari hay algunos que conducen espantosamente mal.

Esa es la impresión que tuve cuando llegué a Tokio. Así que, todo el mundo que iba al volante de un Ferrari empezó a parecerme desagradable. Para aquellos a los que realmente les gustan los Ferraris, eso es inexcusable.
Con todo, considerándolo todo, sentí en mi interior que un coche Americano se adaptaría mejor a mí. No un coche alemán, ni italiano, sino americano.
Siento que mis valores a la hora de escoger un coche y mis valores a la hora de escoger una chica son muy similares. La clase de coche que me gusta y la clase de chica que me gusta, son muy parecidos, creo.
Egoísta, atrevida y coqueta, pero sexy y con gran cuerpo. Una chica así. De ese tipo de chicas que, cuando me siento triste, no me apetece hablar con ellas, pero, si me siento a gusto, quiero que ella corresponda a mis sentimientos. Ese es el tipo de sensación que dan los coches americanos.
Los coches japoneses no son divertidos. Siempre son buenas chicas.
Las chicas no van en el asiento del copiloto de mi coche muy a menudo. Se puede decir que mi coche tiene un aire femenino por sí mismo, por decirlo así.  Si llevo a una chica en mi coche, me da la sensación de que éste se pone de mal humor. Probablemente por eso llevo más chicos que chicas en el asiento del copiloto[3].
En mi coche está el romance que busco. En otras palabras, así de importante es mi coche para mí.
Sin embargo, la mayoría de las chicas no entienden eso. Así que no me gusta que viajen sentadas a mi lado.
Cuando ven mi coche, dicen alegremente: “¡Oh, qué bonito!”
“Con qué facilidad dicen que es bonito,” pienso.
Me gustaría que no trataran a mi coche con tanta indolencia[4].
¡Y luego, por regla general, cierran la puerta de un portazo! Cuando hacen eso, me juro a mí mismo, en privado: “¡Nunca más va a volver a subir a mi coche!”
Quiero que traten a mi coche como si fuera importante. Es muy importante para mí. Cuando cierro la puerta suavemente, con un clic, siempre le doy las gracias.
A mi padre le gustaban los coches de lujo también. Cuando era un niño, si cerraba de golpe la puerta del coche, me hacía volver a cerrarla una y otra vez. A causa de esta influencia, me muestro ahora tan sensible por el modo en que la gente cierra la puerta de los coches.
Puedo decir qué clase de personalidad tiene alguien por el modo en que cierra la puerta del coche.
Por ejemplo, digamos que estoy llevando a una chica a su casa en mi coche.
La chica cierra la puerta suavemente con un clic. Cuando sale del coche, dice algo desde el otro lado de la ventanilla. Bajo el cristal y ella dice: “Ten cuidado,” y se despide agitando la mano y con una sonrisa.
Mientras pienso, “wow, es estupenda,” pongo en marcha el coche y me voy. Doy la vuelta y paso de nuevo delante de su casa, y ella sigue agitando la mano.
Entonces pienso, sinceramente: “Quiero volver a traerla a su casa…[5]”

Sin embargo, sorprendentemente hay muy pocas chicas como esa. Por regla general lo que hacen es: “¡Adiós, cuídate, gracias!” y, tan pronto salen del coche, cierran de un contundente portazo, y se alejan alegremente.
No puedo perdonar esa clase de actitud. Mientras ella sujeta la manija de la puerta, una siniestra idea surca mi mente:
“¡Voy a atropellarla!”
Aunque es, probablemente, porque no sabe nada de coches ni de conducir. Si una chica no sabe cómo ponerse el cinturón de seguridad y no hace más que tirar y tirar de él, la impresión que da es de una completa estúpida. Hay chicas a las que he llevado que no tienen ni idea de cómo enganchar el cinturón de seguridad.
Aunque no me importa que me pregunten, nunca lo hacen. También ha habido chicas que cogían su cinturón de seguridad y lo metían en el enganche de mi asiento.
Lo que más me molesta son las chicas que se inclinan en el asiento mirando hacia la derecha mientras estoy girando. No entiendo por qué hacen algo tan innecesario, pero lo hacen mucho[6].
Me dan ganas de gritarles, a pesar de mí mismo:
-Tu cabeza está en el medio. No te gires así.
Eso me molesta de veras. Me dan ganas de decirles: ¿Es que no te fías de mí?
Cuando llevas un pasajero, el compañerismo es necesario. Así no siento que estoy llevando a alguien, sino que ambos conducimos juntos. Que confíen en mi forma de conducir y que no sean un estorbo son los principios más importantes. Para ir en el asiento del copiloto, hay que estar preparado para ello.
Cada vez que llevo a una chica en mi coche, siempre veo una parte de ella que no me gusta.
Por eso, muy pocas veces llevo chicas en mi coche.

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Extraído en inglés de Cool Like Plastic – Traducido del japonés al inglés por Gerald Tarrant de Shiroi Heya –Traducido del inglés al español por MIRROR – GACKT SHRINE
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  [1]¡¡Yaiiii!!! Lo menciona en su autobiografía **corazoncitos por doquier** Aish… (Saya.)
  [2]Se refiere a la marca alta costura y alta perfumería, no al dios griego ^_^ (Saya.)
  [3]Ahora va a resultar que su coche es “Christine”. Qué miedo… *~* (Saya.)
  [4]No, si va a tener razón Hyde: este hombre es un marciano… (Saya.)
  [5]Ya sabéis, chicas, lo que tenéis que hacer si alguna vez Gackt os lleva en su coche… después de recuperaros del síncope, claro está ^_^  (Saya.)
  [6]Aish, culpable… yo también lo hago… T_T (Saya.)

 

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4. Josei e no Dai Ichi Jouken wa Hanashikat

[Lo Primero En Lo Que Me Fijo De Una Chicha Es Su Forma De Hablar]
“¿Qué tipo de chica te gusta?”

Cuando me preguntan eso, lo primero que me viene a la mente es su voz, y su forma de hablar.

Cuando conozco a una chica, hay dos sitios en los que me fijo especialmente al primer vistazo. En la parte superior del cuerpo, miro su rostro para ver si es del tipo que me gusta y, después, me fijo en su silueta, en ese orden.

Y que, cuando cierre los ojos, aún pueda oír su voz. Aunque no volvamos a contactar de nuevo, la mejor impresión que me llevo es la voz.

Teniendo esto en cuenta, presto atención a su forma de hablar además de a su voz. Por decirlo en términos musicales, los temas de los que habla son la letra de la canción, su forma de hablar es el ritmo y la melodía, y su voz es el instrumento que interpreta todo lo demás.

A la larga, el hecho de que la voz de una chica sea bonita, no es lo único importante.

Si su voz y su forma de hablar me causan una buena impresión, entonces pienso: “Ah, esta chica es realmente estupenda.”

Incluso, aunque su rostro sea bonito, hay veces que, cuando oigo su voz, me llevo tal chasco que es como si me hubieran apartado de un empujón.

Probablemente soy “fetichista del habla.”

Las palabras que no puedo aceptar, psicológicamente hablando, son: “Tengo hambre”, cuando lo dicen usando términos masculinos.[1] Si una chica dice cosas de ese tipo, no es aceptable [lit.: dame]. Es como si dijera: “me voy a hurgar la nariz con el bolígrafo.” Me pone enfermo.

Japón es uno de los pocos países del mundo donde hay diferencias entre la forma de hablar de los hombres y la de las mujeres.

Si uno cree que las chicas japonesas son frías,[2] debería tener en cuenta el trasfondo histórico. Es algo que las chicas deberían proteger siempre.

A causa de esto, prefiero a las chicas que aprenden a hablar del modo femenino.

A pesar del hecho de que hay palabras que son tan importantes, hay chicas que hablan sin importarles si suenan masculinas o femeninas, y eso me desagrada bastante.

Lo que realmente hace que una mujer hable como una mujer no tiene nada que ver con la cultura, pero este aspecto es ignorado.

Aunque las mujeres tienen armas poderosas para expresarse por sí mismas, no las utilizan.

Es como si hubieran renunciado a ser mujeres…

Eso es lo que me parece. Y realmente lo detesto. Eso es lo peor. A causa de eso, su forma de hablar me resulta extremadamente desagradable.

Por ejemplo, diez mujeres reunidas en algún lugar, con sus novios, para pasar un rato agradable. No falla: el primero que se va a casa, siempre soy yo.

A los otros chicos puede que no les importe, pero yo no puedo soportarlo.

“Chou bikkuriii~” [¡Eso es sorprendente~!]

“Te iu ka~ Terebi to chou issho~” [¿En serio? Con la TV~[3]

“Kore tte, chou oishikunaa~?” [¿No está delicioso?]

Alargan la inflexión o agudizan mucho la voz, y la palabra “chou” revolotea por doquier. Si me encuentro en esa clase de entorno, me pongo enfermo.

Por supuesto, esa palabra es también parte de su cultura. Sin embargo, para mí, esa parte de la cultura nunca ha sido agradable.

“Kawannai te yuu ka~” [Dices que no has cambiado, ¿eh?]

Eso no es bueno. En serio, una chica que habla así necesita aprender a hablar.

Claro que, yo mismo tenía un modo horrible de hablar en el pasado.

Cuando hablaba Kansai-ben,[4] mi forma de hablar era muy ruda. Incluso ahora, cuando me enfado, a veces se me escapa el Kansas-ben. Pero no está bien hablar así. Las palabras, en su mayoría, son demasiado malsonantes…

Mis padres, probablemente, tuvieron un efecto en mí. La forma en que mis padres hablaban era muy estricta.

Cuando era niño, tuve que trasladarme a menudo a causa del trabajo de mi padre, y vivimos en muchas ciudades diferentes. Okinawa, Yamaguchi, Fukuoka, Shiga, Osaka[5], Kyoto… Fuéramos donde fuéramos, en casa hablábamos japonés estándar porque era lo que mis padres hablaban. Incluso cuando viví en Kyoto, hablaba eso. Sólo donde usaba Kansai-ben era cuando no estaba en casa.

La impresión que daba a mis amigos provenía de mi forma de hablar.

Con sólo una palabra, puedes darle a alguien la impresión de que eres estúpido, o también puedes hacerles pensar: “¿Qué le pasa a este tío?” También puedes tener la oportunidad de hacer que la gente piense: “Este chico será alguien importante cuando se haga mayor.” La forma de hablar de una persona contiene importantes indicaciones.

Cuando escribo canciones, preocupado por la belleza del idioma japonés, mi conciencia de la belleza se enfrenta a mi forma de hablar, y las palabras que escojo es algo que tiene un gran efecto, creo.

Por lo que a mí respecta, escribo canciones porque quiero expresar mis propios sentimientos. Para mí, esta sensación de “quiero que la gente conozca mis sentimientos” es lo más importante, por encima de cualquier otra cosa.

Expresar sentimientos con palabras malsonantes y utilizando un modo de hablar rudo, produce una sensación desagradable. Si voy a expresar mis verdaderos sentimientos, quiero hacerlo con palabras hermosas.

Cuando me fui al extranjero, pensé que quería utilizar las palabras y el lenguaje del país donde estuviera, lo mejor que pudiera.

Una vez, estuve aprendiendo a hablar francés, pero sólo conseguía recordar frases sueltas.

Más tarde, estuve estudiando chino. Ahora puedo ligar con mujeres en chino. Hace cuatro años, tuve la oportunidad de visitar Taiwán.

Cuando quería decirles algo a las chicas francesas, mi intérprete lo traducía. Por entonces, tenía la sensación de que le estaba dando la vuelta a mis palabras para cambiar su significado por algo que no era correcto.

Aunque las palabras tenían el significado correcto, no podía expresar los matices de mi forma de hablar. Al ser un “fetichista del habla”, no podía dejar aquello sin solución.

A partir de entonces, comencé a leer libros de gramática y conversación china.

Principalmente, he estado utilizando libros de auto-estudio. Cuando no conozco el significado de algo, pregunto a mis amigos de Taiwán y, casi a diario, leo libros en chino.

Pero ser capaz de participar en una conversación cotidiana y ser capaz de expresar mis sentimientos son dos cosas totalmente diferentes. Para llegar a ese nivel, no es suficiente poseer un vocabulario completo. Tenía que encontrar un modo de memorizar unas 20,000 palabras.

Para mí, que estoy pensando en expandirme hacia Asia, el haberme aficionado tanto al chino fue algo espontáneo.

Sin embargo, aunque soy de Asia, mi música, diga lo que diga, seguirá estando en japonés. Aunque adoro el chino, por encima de todo amo la belleza del japonés.

Todos vosotros habláis el japonés que tanto amo. Quiero que lo habléis del modo más hermoso que podáis. Os lo pido de corazón.

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Extraído en inglés de Cool Like Plastic – Traducido del japonés al inglés por Gerald Tarrant de Shiroi Heya –Traducido del inglés al español por MIRROR – GACKT SHRINE
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  [1]Nota del Traductor Japonés>Inglés: ”harahetta”, “meshi” y “kutta”. Las dos últimas se usan normalmente en la misma frase: “meshi o kuu”. Esos son los tres ejemplos puestos por Gackt. Todos significan “tengo hambre”, pero son expresiones utilizadas generalmente por los hombres y nunca por las mujeres.
  [2]Dice “cool”, pero no sé si traducirlo como “frías” o como “geniales” (Saya.)
  [3]Nota del traductor Japonés>Inglés: “No estoy muy seguro de cómo traducir esto.”
  [4]Dialecto que se habla en la zona de Kansai (Kyoto-Osaka-Nara-Kobe.) (Saya.)
  [5]Osaka, ¿eh? **saya en modo otaku** Igual hasta se encontró con Hyde por entonces y no se acuerda… *¬*

 

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5. SEX to Ai

[Sexo y Amor]
Creo que el sexo es algo muy importante. Es un asunto muy importante entre un hombre y una mujer que nunca debe descartarse.

En el caso de un hombre, hasta que se desarrolla una relación mutua, en ocasiones existirán límites. Sin embargo, cuando un hombre y una mujer tienen una relación mutua, el sexo es importante porque esos límites se han reducido. Después del sexo, creo que la distancia entre ellos se acorta.

Aunque ahora, confío bastante en mí mismo, cuando era un adolescente era horrible. Como deseaba tener sexo, mi deseo me confundía tanto que quería gritar: “¡por favor, que alguien ponga fin a esto!” Si no lo hacía a diario, sentía como si mi día hubiera quedado incompleto. Nada me satisfacía.

Como Drácula hambriento te sangre, yo estaba hambriento de sexo. Creo que podría decirse que era algo así como un “vampiro”.

Pero también superé esta etapa de mi vida.

Ahora, a veces creo que, en aquella época, realmente estaba absorbiendo la energía vital de mi pareja durante el sexo. Tengo la sensación de que transfería esa energía a mi propio cuerpo.

Cuanto más lo haces, más se incrementa tu vitalidad. Cuando más se incrementa tu vitalidad, más quieres.

Es como estar sediento. Mi sed de sexo no se apagaba. No podía pasar sin ello. Era lo único que tenía en mente. Estaba seriamente preocupado por ello, ¿no me estaba comportando como un mono?

Sentía deseos de gritar: “¡Por favor, que alguien me pare!”

Aunque lo deseaba, para mí sólo había una regla que no debía romper. La regla era “no masturbarse”. Me lo juré a mí mismo de todo corazón.

Tenía grandes sentimientos de culpabilidad acerca de la masturbación. Después de hacerlo, pensaba: “¿Qué demonios estaba haciendo?” Y entonces me atacaba una terrible sensación de vergüenza. Me sentía miserable.

Si tenía una relación con alguien, me decía a mí mismo que actuaría de forma que pudiera construir una relación mutua con esa persona. Cuando no tenía ninguna relación, si tenía modo, me contenía.

Así que, me resultaba incapaz quedarme a solas. Cuando me entraban ganas de masturbarme, salía en busca de compañía hasta encontrar a alguien. Luego trataba de persuadirme a mí mismo:

-¡Si te apetece masturbarte, levántate y sal a la calle! –me decía.
 
Cuando no salía con nadie, tenía a mis amigos. Cuando no tenía ninguna chica con la que relacionarme, tenía gente con la que compartir mis sentimientos. También hubo personas a las que utilicé sólo para el sexo.

Era lo mismo para ambos. Tanto mi pareja como yo lo hacíamos donde pudiéramos hasta que hubiéramos tenido bastante.

Por aquella época, lo hacía constantemente. ¿No os parece estúpido? Incluso cuando estaba pensando “¿qué estoy haciendo?”, estaba teniendo sexo. Fue una de las cosas más difíciles a las que me he enfrentado.

No me sentía satisfecho con eso. Me sentía enfermo; algo no estaba bien conmigo.

Aunque es posible que os estéis riendo[1], en aquellos días, estaba seriamente preocupado por esto.

Ahora, creo que la cima espiritual de una persona joven y la cima física son ambas muy importantes.

Sin embargo, si esa cima se desequilibra, podría ser algo muy malo. Si los jóvenes ocultan sus sentimientos cuando quieren hacer algo y se reprimen a sí mismos, para cuando sean mayores, habrán alcanzado esa cima espiritual. Sin embargo, para entonces, su cima física se habrá quedado atrás. En resumen: aunque haya cosas que quieras hacer, tienen que ser tanto físicas como espirituales. Si eso sucede, te sentirás satisfecho. Si ese es el caso, no parecerá que estás fingiendo, ¿verdad? Cuando tu cuerpo se debilite, la parte espiritual suplirá el placer.

Creo que la gente que hace “cosplay”, S&M, prostitución o salen con alguien por dinero son, en su mayoría, personas que se han saltado la cima espiritual. No tengo ningún deseo en absoluto de hacer nada de eso. No puedo comprender por qué puede ser necesario salir con alguien por dinero[2].

Cuando era adolescente, después de que superara aquella cima física, el deseo constante de sexo desapareció por completo.

Ahora soy feliz. Es porque ya no tengo esas urgencias incontrolables. Sin embargo, eso no significa que mi deseo sexual haya desaparecido.

Lo importante es el hecho del sexo en sí mismo, pero tienes que sentirlo de corazón. Si, en el fondo, no sientes nada por la otra persona, tu cuerpo no funciona.

En el caso de los hombres, aunque puedas funcionar bajo esas circunstancias, lo único que estás hacienda es moverte. En el fondo, sabes cuáles son las mejores circunstancias. Decirte a ti mismo “Me las puedo arreglar”, es completamente diferente a “Este es el momento perfecto.” Cuando puedas decir “Este es el momento perfecto”, entonces es cuando tú y tu pareja estáis perfectamente armonizados.

Sin embargo, el número de personas que saben compartir sus emociones es extremadamente limitado. Almas gemelas. Eso es, al final, lo que se convierte en la base del sexo.

El aspecto, el estilo y la personalidad son cosas positivas. Sin embargo, eso no significa que el sexo esté bien. Cualquier relación con ese tipo de personas no durará mucho. Si el sexo ocurre entre dos personas que no encajan, lo mejor es ser sólo amigos íntimos o casuales.[3]

En estos momentos, no tengo a nadie a quien poder llamar “novia”.

Por supuesto, hay personas a las que amo.

A menudo pienso: “Cómo me gusta esta persona” o “Amo a esta persona.” Sin embargo, estas emociones surgen de forma espontánea. No importa que esa persona sea un hombre o una mujer.

Tomemos a Hyde como ejemplo[4]. Cuando estoy con él, siempre pienso: “Guau, este chico es increíble.” Eso también es amor, o un sentimiento muy cercano al amor[5].

Esa sonrisa es un pecado[6]. Desde la primera vez que lo vi, he pensado que sería genial si Hyde fuera una chica. Pero, maldita sea, ¡es un hombre!

Si fuera una chica, probablemente me enamoraría de él. Es del tipo que realmente me gusta. Digan lo que digan, siempre les escucho.

Si él o ella dijeran: “Ven aquí ahora”, dejaría todo lo que estuviera haciendo e iría. El tipo de chica que busco es gentil como Hyde. Si él fuera una chica, creo que me enamoraría[7].

Sin embargo…

Al final, nunca es la chica la que se interesa por mí. Lo mires como lo mires, soy siempre yo quien siente el interés.

Ojala hubiera una chica por ahí que sintiera lo mismo por mí…[8]

La última vez que ocurrió fue cuando tenía 22 años. Aunque conocía sus sentimientos, por esa época no estaba buscando una novia. Eso era porque mi trabajo era la base de mi vida y el amor no era algo fundamental para mí.

Honestamente, creo que una persona enamorada es muy feliz. Una situación donde puedes decir “Ante  mis ojos sólo estás tú” o “Si tú estás, no necesito nada más”, es la mayor felicidad de todas.

Pero para mí, ahora mismo, el trabajo es lo más importante.

Aunque el amor es muy importante, el tiempo que puedes pasar enamorado a lo largo de tu vida es muy limitado.

El tiempo que paso con el grupo de personas que llamo mi familia es mucho mayor que el tiempo que pasaría con una chica que me gustara.

Y creo que, por ahora, eso está bien[9].

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Extraído en inglés de Cool Like Plastic – Traducido del japonés al inglés por Gerald Tarrant de Shiroi Heya –Traducido del inglés al español por MIRROR – GACKT SHRINE
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  [1]**Saya mirando a derecha e izquierda, con sospecha** ¿¿Dónde ha colocado la cámara??
  [2]Nota del traductor Japonés>Inglés: “Si no sabéis qué es esto de salir por dinero [saya: “compensated dating”, en inglés], se trata de un ‘pasatiempo’ popular en Japón donde una chica, normalmente adolescente, sale con un hombre a través de una agencia de citas y él le da dinero a cambio de sexo. Es básicamente prostitución bajo el velo de un servicio de citas.”
  [3]Dice “casual friends”, no estoy muy segura de cómo traducir esto (Saya.)
  [4]¡¡¡YIIIIJAAAAAA!!!! **saya saltando arriba y abajo, víctima de un subidón de azúcar** ¡¡¡¡ALÉGRAME EL DÍA, GACCHAN!!! XDDDDDDD
  [5]¡¡¡¡YEAAAAHHHHH!!!!!! **saya rebotando por las paredes de puro éxtasis eufórico**
  [6]*¬* *¬* *¬*    **saya, tatuándose esa frase por todas partes, a punto de sufrir un colapso**  
  [7]**saya ha sufrido un cortocircuito cerebral, por favor aguarden unos minutos, la retransmisión continuará en breves momentos** biiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiip
  [8]Estechicoestontoestechicoestontoestechicoestontoestechicoestontoestechicoestontoooooooooooooo (Saya ^^).
  [9]Nosotras también (Saya)

 

SECCIÓN 4
IROKOI [ASUNTOS DE AMOR]

6. Hakketsubyou to Kanojo no Hiren

[El Triste Amor entre Una Chica con Leucemia y Yo]
Soy una persona terrorífica.

Eso es lo que pensaba cuando estaba casado.

Cada vez que sentía que alguna persona era importante para mí, era incapaz de decirle “te quiero”.

Si lo hacía, ambos nos convertiríamos en meros “objetos”.

Es una sensación como si la persona a la que amo fuera una posesión. No puedo soportar eso.

Desde el momento en que empiezo a creer que estoy monopolizando a esa persona, creo que ella va a comenzar a romperse y a cambiar.

¿Es para mí la vida específica de una persona especial o no?

Había una chica que encarnaba todo esto, a la que restringí y quebré. Lo hice hasta que fue demasiado tarde. En los mensajes que dejaba en mi contestador y en todo lo que hacía, se volvía cada vez más extraña.

Estaba en lo correcto al preguntarle sus razones. Sin embargo, esta chica dijo:

-No puedo detenerme. Sé que está en mi cabeza, pero, por más que lo intento, no puedo detenerme…

Un deseo de monopolizar las cosas acaba por romper a la gente. A causa de mis relaciones con los demás, a causa de que acabo por quebrarlos, soy realmente terrorífico.

Ella me dijo claramente que era muy exigente con ella.

Por ejemplo, si ella me decía, emocionada: “Sólo quiero estar contigo durante un segundo”, yo solía responder: “No puedo. Tengo que trabajar, y tengo un montón de cosas acumuladas de las que tengo que ocuparme. Así que no podemos vernos a menudo.”

Si alguien reza con todas sus fuerzas para estar con alguien a quien ama, esa persona no soy yo. Hay cosas de las que sólo yo puedo ocuparme, y por supuesto hay también toneladas de cosas que no puedo hacer.

No entiendo por qué quiero monopolizar a los demás. Antes realmente deseaba hacerlo. El deseo era tan fuerte que casi suponía una enfermedad. Incluso ahora, sigo teniéndolo.
Sin embargo, como sé que monopolizar a los demás los hace infelices, suprimo esas intenciones. Me controlo.
Si amo a alguien, aunque ella ame a otro, sigo considerándola mi amada. No puedo evitarlo. Si ella puede amar a alguien que no sea yo, no pasa nada. Por lo que a ella respecta, necesita a esa otra persona.
La razón de que diga esto no es que quiera que mi amor por esa persona desaparezca. Los fuertes sentimientos que tengo por esa persona proceden de mi propio egoísmo. Si la persona no corresponde a mis sentimientos, puedo controlarlos. Aunque mi amor se acabe, seguiríamos unidos el uno al otro.

Ese es mi modo de querer a la gente.
Cuando someto a las personas a las que amo a mi voluntad, hay lógicamente algunos a los que no les gusta. Aunque es una forma de amor muy triste…
Hace mucho tiempo, tuve una relación que iba y venía. Fue cuando tenía unos veinte años. La chica a la que quería tenía unos dos años más que yo, y salimos durante cerca de cuatro meses…
De pronto, me dijo:
“Comencemos desde cero.” Desde luego, no era eso lo que realmente quería decir.
Cuando dijo eso, me volví realmente extraño y no pude parar. Podría decirse que era débil. Me volví tan raro que casi era irrisorio.
Ella tenía leucemia. Me lo dijo la primera vez que nos vimos. Sin embargo, aún pensábamos que podríamos tener una relación sin problemas.
Si ella enfermaba, pasara lo que pasara, mi amor por ella no cambiaría.
Sabíamos que era cuestión de vida o muerte. Sin embargo, como ella estaba mucho más enferma de lo que yo creía, lo hizo todo pensando en mí.
Creo que mi incapacidad de comprender esto fue la mayor razón de que rompiéramos.
Cada vez con más frecuencia, ella se derrumbaba ante mis ojos. Muchas veces yo no tenía ni idea de qué hacer.
Más terrible fue su respuesta: “No podemos seguir juntos. No es que te odie. Pero ya no podemos seguir juntos…”
Me dijo aquellas palabras de despedida por teléfono. Yo quería verla. No importaba lo yo dijera, no podíamos llegar a un acuerdo. ¿Teníamos que romper para no acabar odiándonos? ¿Por qué? ¿Esa es siquiera una razón? No comprendía nada.
Sin embargo, lo único que ella pudo decir fue que era lo que había decidido. Su personalidad era así. Era la clase de persona a la que no puedes hacer cambiar de opinión fácilmente. Así que dije que lo comprendía.
Sentía que no podía hacer nada al respecto. Entonces, como si me hubiera vuelto loco, me subí a mi coche y salí a conducir como un maníaco.
Aunque habíamos hablado un rato antes, primero destrocé mi coche, después recuerdo vagamente haberme fumado un cigarrillo y, finalmente, la llamé por teléfono. “¿Qué demonios estás haciendo?”, dijo, rompiendo a llorar. Fue entonces cuando mis ojos se abrieron. Desde lo más profundo de mi corazón me sentí terriblemente avergonzado de mí mismo. Era un niño que sólo podía pensar en sí mismo.

Antes de conocerme, ella había tenido un novio. Dijo que siempre iba a recogerla en su coche. Sin embargo, un día, cuando iba camino de su casa, tuvo un accidente y murió. Ella no podía dejar de pensar en eso.

¿Sabéis lo que es que te arrebaten a alguien a quien amas? Espero que nunca tengáis esa experiencia…
Ella lo intentó con todas sus fuerzas. Me habló de sus sentimientos. Se basaba en la pérdida de su prometido y su resolución a continuar peleando contra su enfermedad y, en ambos aspectos, estaba el miedo a morir.
Sin embargo, en aquella época yo no tenía experiencia y no comprendía sus verdaderas intenciones. Mi terquedad sólo me condujo a portarme como un suicida con mi coche.
Cuando empezó a llorar por mí, me di cuenta de que la había herido.
¿Qué había hecho…?
Después de aquello, no he vuelto a conducir de esa manera. Jamás he vuelto a jugar con mi vida.
Ella me mantiene informado de su condición. A veces contacta conmigo. Lo mejor de todo es que su enfermedad parece haberse vuelto menos grave. Creo que seguirá mejorando.
Después de tanto tiempo, finalmente soy capaz de comprender su modo de pensar.

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Extraído en inglés de Cool Like Plastic – Traducido del japonés al inglés por Gerald Tarrant de Shiroi Heya –Traducido del inglés al español por MIRROR – GACKT SHRINE